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Blade Runner 2049: Hacia una sociología de la ciencia ficción

  • 10 oct 2017
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 12 feb 2024

TERESA MÁRQUEZ

Octubre, 2017



Blade Runner 2049 (Tomado de www.xataka.com)



El hipercapitalismo y su vocación por lo real –realizada tanto a través del consumo material así como de su negación, la escasez o desposesión— producen una suerte de falsa conciencia sobre una existencia única y verdadera aquí y ahora. Weber dio cuenta de ello en su Ética Protestante, donde la acumulación resulta un deber cumplido que no se aplaza —como en el cristianismo— a un paraíso que ofrecería una vida eternamente gloriosa. Del otro lado, las posiciones disidentes, anticapitalistas, antipatriarcales, antihegemónicas y su insistencia en denunciar una realidad-real abrumadoramente injusta y colonizante, reivindican el positivismo de la realidad-real.

Desde ambos extremos poco se puede avanzar en la explicación de la existencia de géneros narrativos de ficción, visuales o literarios, donde mundos posibles pasados (El Señor de los Anillos, Juego de Tronos), paralelos (Harry Potter, Matrix) o futuros (Avatar, Gattaca), captan audiencias mundiales que se cuentan por decenas de millones. En 1978 una tesis doctoral en sociología, que desafortunadamente no ha tenido sagas, se hacía las siguientes preguntas: ¿por qué los escritores escriben ciencia ficción y por qué la gente la lee? Bajo el título The Sociology of Science Fiction la investigación planteó que este tipo de literatura cumple dos funciones comunicativas: una directiva en términos de ofrecer una visión del mundo a sus lectores, y otra restaurativa donde se satisface una demanda por la fantasía (Stableford, 1978).

En Blade Runner 2049 estos patrones comunicativos están magistralmente logrados. El mundo 30 años después (la primer película filmada en 1982 se situaba en 2019) se presenta perfectamente delineado. Los primeros replicantes utilizados para colonizar y que gozaban de libre albedrío fueron prohibidos y los que sobrevivieron son recuperados por una nueva generación que, como aquellos, son producto de la biotecnología, pero esta vez están hechos para obedecer, y crear así, un mundo mejor.

Este intento de perfección donde los nacidos están de un lado y los no-nacidos de otro, sin traslapes ni confusiones, instaura una diferencia y distancia que hace posible el reino de unos sobre los otros. El quiebre narrativo se aloja en el hecho inesperado y “milagroso” de un nacimiento proveniente de padres replicantes antes de la prohibición. El niño debe morir pues como la Teniente Joshi le explica a K, “si cae una pared y los vecinos se dan cuenta que no son diferentes, lo que sigue es la guerra”.

La búsqueda del niño es una metáfora de una búsqueda por la humanidad radique donde radique, y deja ver un mundo distópico impregnado de nostalgia y soledad. Las referencias musicales a oldies, el ritmo narrativo, el uso del color y el minimalismo visual –solo comparable a la exquisita economía de palabras en los diálogos— se encargan de darle vida a este posible futuro. A partir de ahí, la trama cede al idealismo épico que exige héroes humanos, aunque se trate o no de máquinas, donde la vida se define ya no por la condición de nacer sino de creer y por la capacidad de sacrificio, que implica siempre el reconocimiento de ser parte de algo.

La magistralidad de la producción de Ridley Scott sobrepasa, sin embargo, a la literatura y sus funciones comunicativas y permite identificar la pertinencia de una sociología de los mundos posibles. En Blade Runner 2049 “se acabó lo real” o, en todo caso, su condición de inteligibilidad y se invoca un estado de lo real no distinguible sino confuso y contaminado (en el sentido que Ulf Hannez le da al término), donde abolir paredes implica reconocer al otro como igual. Donde “los datos hacen al hombre” en forma de recuerdos o información y, por tanto, la humanidad ya no sería una condición exclusiva del hombre porque memoria y conocimiento pueden reducirse a meros dispositivos o prótesis; y donde los ojos, que activan mecanismo de reconocimiento, lloran o miran, no son más puertas al alma porque la tecnología los replicó y los puso al servicio de no humanos.

Más que ejes narrativos, estos postulados son hipótesis sociológicas –en su amplia acepción que no se reduce a lo académico— que interpretan modelos imaginados de sociedades posibles. Las fuerzas presentes, más allá de encarnar al bien o al mal, permiten identificar teorizaciones también sociológicas que aunque como tales resulten ajenas al interés de los autores, guionistas y productores, son conceptualizaciones de un mundo que potencialmente podemos construir y habitar.

Se dice que el gusto por la ciencia ficción ha visto nacer la vocación científica de muchos (Isaac Asimov entre ellos y, por qué no, Sheldon Cooper en su afán de imitar al Dr. Protón). No hay razón, como lo muestra Blade Runner 2049, para que no alimente también la imaginación sociológica.

Referencias

Stableford, B. (1978). Sociología of the Science Fiction. Tesis para obtar por el título de Doctor en la Filosofía, Departamento de Sociología, Universidad de York. Recuperado el 8 de octubre, 2017. Disponible en: http://etheses.whiterose.ac.uk/14106/1/482577.pdf

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